Es la historia la que nos
condena,
el pasado en el que se lamenta,
el futuro quien teme.
Biología indignada,
ecología de los lamentos,
lágrimas del desamparo
en el ocaso de la lógica.
El periódico en el tacho de
basura arroja sus verdades,
vaticina días grises, noches
negras,
denosta la razón humana,
se amiga con el miedo y las
publicidades.
El final no toca tierra,
porque el principio no cesa en su
vuelo,
y la muerte araña las paredes de
la noche,
cuando la luz del sol alumbra la
inmensidad del cielo.
Esa luz aún no está contaminada;
los abrazos compartidos, las
sonrisas regaladas,
las melodías y las pinceladas de
vida,
las calles llenas de historias y
de calidez.
El barrio, corazón puro
el barro, creador de anhelos
la maravilla del aire libre,
la dulzura del mate amargo.
Los vendedores de patrias,
los cazadores de sueños,
los traficantes de fe,
no pueden con las inmortales bellezas
del mundo.
Y la razón humana, maltratada y
despedazada
muestra que vale la pena,
porque un amigo me contó que
nosotros, los porfiados,
creemos, contra toda evidencia,
que fuimos mal hechos,
pero que no estamos terminados.
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El abrazo de Fausto, Florencia Menendez |
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