jueves, 6 de junio de 2013

Los Changarines de la información

Son muchos los periodistas que sufren actualmente una precarización laboral que no tiene tanto que ver con la existencia de un vacío legal sino con la falta de una actividad gremial organizada para hacerle frente a las patronales. Son dos las posturas encontradas en este sentido: quienes sostienen que el sindicato defiende efectivamente los derechos de los trabajadores y quienes afirman que la verdadera actividad gremial nace de las asambleas de base. A pesar de que en 2012 hubo una reactivación en el sector con la reapertura de las paritarias – cuyas resoluciones algunos diarios no cumplieron – y con la formación de comisiones internas de delegados dentro de algunos medios, las redacciones son cada vez más chicas y los trabajadores ven vulnerados sus derechos bajo la legalidad aparente que encubre la figura del “Colaborador permanente”, una formula muchas veces falaz que oculta una realidad laboral difícil para los trabajadores de prensa.
La situación de muchos periodistas y aspirantes a ejercer la profesión atraviesa una etapa complicada. De un tiempo a esta parte se ha extendido el uso y abuso de la figura del “colaborador” en los medios de comunicación, eufemismo que con frecuencia oculta una realidad en la que muchos periodistas se ven forzados a deambular de un medio a otro para poder llegar a fin de mes.
Hacía falta un título, una denominación para estos trabajadores tan habituados a catalogar y titular. Fue el Colectivo de Trabajadores de Prensa (CTP) el que en junio de 2012 publicó la encuesta “Las cifras de la precarización”, a partir de la cual se desprendió el término “Changarines de información”, ideado por una revista cultural independiente.
Aquel relevamiento arrojó, entre otros, los siguientes datos: tres de cada cuatro colaboradores tienen otro trabajo remunerado, tres de cada cuatro facturan como monotributistas, el 12% tiene recibo de sueldo y el 11% no tiene ningún comprobante de pago. Al 41% dejan de aceptarle sumarios o le avisan que no proponga notas hasta el año siguiente cuando se acercan a la colaboración anual número 24, porque el pasar ese número, según el Estatuto, implicaría un blanqueo de la actividad. El 12% firmo alguna vez notas con seudónimo o tuvo que presentar facturas de otras personas a pedido de la empresa. El 50% de las colaboraciones se pagan entre 200 y 400 pesos. Casi la mitad cobra sus notas entre 30 y 60 días después de la publicación. En el 80% de los casos, el monto de la retribución lo fija la empresa, sólo en el 12% negocia el pago.
De acuerdo con el Artículo 23 inciso e) del Estatuto Profesional del Periodista se entiende por colaborador permanente aquel que “escribe notas, retratos, paralelos, narraciones, descripciones, ensayos, cuentos, bibliografías y otros escritos de carácter literario o científico o especializados de cualquier otra materia en un número no menor de veinticuatro anuales y que por la índole de los mismos no corresponde a las tareas habituales a los órganos periodísticos”.
Para Lidia Fagale, secretaria general de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (Utpba), la existente de este tipo de periodistas responde a razones históricas. “Una franja cada vez más amplia, conformada por trabajadores precarizados, creció de la mano de las medidas neoliberales de los '90. La figura del colaborador pasó a ser el modo de 'contrato' preferido por las empresas, que desplazaron a los trabajadores de las redacciones y les transfirieron la responsabilidad impositiva”.
Si bien el Estatuto fue sancionado en 1946, no parece ser anacrónico y perjudicial para los trabajadores. Todo lo contrario. Así lo señala el presidente del Foro de Periodismo Argentino (Fopea), Fabio Ladetto: “Varias veces hubo avances y presiones para actualizarlo, pero casi siempre vinculadas con empresas que buscaban un recorte de las normas más favorables a los trabajadores”.
Fagale apunta en el mismo sentido: “Nosotros contamos con leyes claras, protectivas de los derechos de los trabajadores de prensa y además leyes más generales que también nos protegen y que marcan derechos y obligaciones”.
Pareciera, entonces, que la cuestión no pasa por la existencia de un vacio legal, sino más bien por un mecanismo de “legalidad aparente” que no tiene que ver con lo legislado. En todo caso, una modificación del Estatuto requeriría de garantías laborales que, ni por asomo, los medios les ofrecen a los periodistas.
Para algunos, entonces, el conflicto pasa por la medicación entre los trabajadores y las patronales. No la ley, sino quienes deben abogar por que se cumpla.
Para Ladetto “muchos sindicalistas se profesionalizaron en la labor gremial y se alejaron de las redacciones y de la práctica activa del periodismo. Su profesión es ser gremialistas, no trabajadores de prensa, lo que los aísla y les quita relación con las bases que deben representar”.
Diego Martínez, delegado paritario de Página 12 e integrante del CTP, opina que “la Uptba no se lo plantea (la precarización) como un problema. No tienen vínculo ni con los colaboradores ni con las bases”.
Contra esto, la misma Fagale sostiene que “la lucha de los colaboradores en general se vio protegida porque la Utpba los incorpora como trabajadores de prensa, como periodistas, siendo hasta hace muy poco, la única organización gremial profesional que los reconoce en su condición de periodistas”.
Las movilizaciones y campañas en apoyo a los periodistas que ven vulnerados sus derechos suelen nacer,  en gran parte, de las asambleas gremiales en los medios, más que del propio sindicato. “Si la Uptba se caracteriza por algo, es por su ausencia. El proceso de paritaria se inició no por pedidos de ellos sino por asambleas de bases, de delegados de los diarios, donde la Uptba no tiene la más mínima representatividad”, denuncia Martínez.
Fagale, por su parte, defiende la labor del sindicato e invita a no descomplejizar la cuestión. “La solución no pasa por esquemas facilistas, ni simples que suelen ignorar factores importantes de la economía cuando hablamos del mundo laboral”, y agrega: “El problema es político-económico, dado que el escenario donde trabajamos ha pasado a ser un área estratégica en la economía nacional e internacional y que su dinámica es parte sustancial del sistema económico mundial”.
En 2012 no solo se reabrieron las paritarias para el sector gráfico sino que también hubo otros avances en las actividades gremiales como sucedió en noviembre, cuando se logró conformar una comisión interna en Clarín o en diciembre cuando la comisión interna de trabajadores de la Revista Veintitrés informó que habían logrado la firma de un convenio de regularización para los colaboradores de la redacción
Con respecto a las mencionadas negociaciones colectivas, Fagale señala que “tanto los medios del grupo Zpolsky, como del grupo Vila-Manzano o el grupo Clarín, expresan serias resistencias a la aplicación de los acuerdos”. “Y en lo que respecta a los colaboradores ni hablar. En un 90 por ciento los colaboradores no han recibido, por empleo, el aumento acordado en las paritarias del 2012”, agrega.
De acuerdo con el Observatorio de Medios, político-Social, Cultural de la Utpba, el 93 por ciento de los trabajadores no recibió el aumento salarial proporcional acordado en las paritarias del año pasado.
“Lo que se pide desde los delegados es una campaña mucho mas fuerte contra la precarización en los medios”, apunta Diego Martínez quien afirma que el problema no es el Estatuto, sino que muchas de las disposiciones contempladas en el mismo “no se cumplen”.
Para Ladetto, las soluciones vienen de la mano de “una mayor capacitación de los propios periodistas (un profesional calificado se defenderá mejor); control estatal; abrir canales de diálogo sincero con las patronales; modificación de leyes de precarización laboral del menemismo (pasantías, por ejemplo) y tomar conciencia de que un salario digno y un descanso adecuado son partes fundamentales de la calidad periodística que se le brinda a la sociedad.”
“Organización y lucha, es la única respuesta. De eso se trata. Ni nada más ni nada menos. La organización está donde los trabajadores estén dispuestos a dar esta batalla”. El consejo de Fagale, simple y complejo, pareciera ser la llave para dar un paso adelante en esta batalla.
Los conflictos que atraviesan los trabajadores de los medios se vuelven cada vez más evidentes y una correcta organización y representación ante las autoridades y las patronales se vuelve cada vez más necesaria. Por ello mismo, no son pocas las organizaciones y los periodistas que, cada vez más, dan cuenta de que la profesión, a pesar de estar rodeado por un halo de romanticismo, es también un trabajo y un modo de poder subsistir para seguir realizando una tarea más que responsable para el funcionamiento de las sociedades.

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