martes, 3 de enero de 2012

Mitos indispensables para el mantenimiento del status quo

La costumbre. Como nos acostumbramos a ver como “naturales” ciertos hechos, pasados y presentes, que distan tanto de serlo.
Nacemos pensando que el estado de ciertas cosas existió desde siempre, y morimos pensamos que así seguirá siendo. Como si el presente no tuviese un pasado que lo fue haciendo posible, olvidamos que la historia se encargó y se encarga, a través de sus innumerables luchas, de construir lo que existe y destruir lo que no pudo ser.
Tan pesado es el efecto narcotizante de la costumbre, que nos lleva a tomar por verdaderos ciertos mitos, sin duda fundantes, de la sociedad en la que vivimos. En este sentido Paulo Freire, aquel famoso pedagogo brasilero, reconocido mundialmente por sus campañas de alfabetización y por la invención de la llamada “Educación Popular”, nos habla en su obra cumbre “Pedagogía del oprimido” de los Mitos indispensables para el mantenimiento del Status Quo:

El mito (…) de que el orden opresor es un orden de libertad. De que todos son libres para trabajar donde quieren. Si no les agrada el patrón, pueden dejarlo y buscar otro empleo. El mito de que este “orden” respeta los derechos de la persona humana y que, por lo tanto, es digno de todo aprecio. El mito de que todos pueden llegar a ser empresarios siempre que no sean perezosos y, más aun, el mito de que el hombre que vende por las calles, gritando: “dulce de banana y guayaba” es un empresario tanto cuanto lo es el dueño de una gran fábrica. El mito del derecho de todos a la educación cuando, en Latinoamérica, existe un contraste irrisorio entre la totalidad de los alumnos que se matriculan en las escuelas primarias de cada país y aquellos que logran el acceso a las universidades. El mito de la igualdad de clases cuando el “¿sabe usted con quién está hablando?” es aún una pregunta de nuestros días. El mito del heroísmo de las clases opresoras, como guardianas del orden que encarna la “civilización occidental y cristiana”, a la cual defienden de la “barbarie materialista”. El mito de su caridad, de su generosidad, cuando lo que hacen, en cuanto clase, es un mero asistencialismo, que se desdobla en el mito de la falsa ayuda, el cual, a su vez, en el plano de las naciones, mereció una severa crítica de Juan XXIII. El mito de que las élites dominadoras, “en el reconocimiento de sus deberes”, son las promotoras del pueblo, debiendo éste, en un gesto de gratitud, aceptar su palabra y conformarse con ella. El mito de que la rebelión del pueblo es un pecado en contra de Dios. El mito de la propiedad privada como fundamento del desarrollo de la persona humana, en tanto se considere como personas humanas sólo a los opresores. El mito de la dinamicidad de los opresores y el de la pereza y falta de honradez de los oprimidos. El mito de la inferioridad “ontológica” de éstos y el de la superioridad de aquéllos.”

Podemos definir al mito en tanto “narración fabulosa e imaginaria que intenta dar una explicación no racional a la realidad”, o como un “Conjunto de creencias e imágenes idealizadas que se forman alrededor de un personaje o fenómeno y que le convierten en modelo o prototipo”.
En nuestro caso, desde el mito fundante del “Descubrimiento” de América hemos escuchado, leído, atestiguado los más insólitos acontecimientos que, en su momento, tomamos por ciertos. Algunos perduraron por más tiempo, como la zoncera (en palabras de Jauretche) de “Civilización y barbarie”, o la creencia en la bondad de la “Campaña del desierto” (hoy, la parte trasera de nuestros billetes con más valor).
Desde la “acción civilizadora” española, luego inglesa, y luego estadounidense, hasta nuestro aún reciente mito del “1 a 1”, atravesamos tantos mitos que sería imposible nombrarlos a todos, pero al menos vale la pena saber que existen, y si existen, que pueden ser derrumbados.

domingo, 11 de septiembre de 2011

La gran mentira

Los hechos…

Han pasado diez años ya desde aquel día en el que se paró el mundo entero. Dos aviones se estrellaban contra dos torres emblemáticas (y económicamente muy activas) de la ciudad principal del principal país del planeta.
Prácticamente todo el globo pudo ver a la muerte y al caos en vivo y en directo. Nadie entendía nada, nadie atinaba a decir nada. Solo la sorpresa y el horror hizo que “todos” termináramos llorando alrededor de tres mil almas que se fueron ese día en ese lugar.
El gobierno de los Estados Unidos, con George Bush a la cabeza, decretó que la organización culpable del atentado fue la organización islámica terrosita Al Qaeda y puso en primera plana de todos los diarios a su líder: Osama Bin Laden.
Entonces fue cuando se inició la “lucha global contra el terrorismo” para vengar a los caídos del 9-11 y para salvar a la humanidad de este mal que tanto daño le hace.
Se inició la búsqueda del temido terrorista allá, por sus lejanas tierras. De vez en cuando circulaban videos en los que Osama daba cuenta de su infinita crueldad y falta de escrúpulos para con el mundo. Éste, lógicamente, lo odiaba.
A su vez, surgió una notable “preocupación” del gobierno Estadounidense por liberar a los países árabes de sus dictaduras, para que los pueblos pudieran disfrutar de su libertad y hacer valer sus derechos. Y así las tropas desembarcaron en Irak, después en Afganistán y hace poco en Libia.
El primer gran logró de esta lucha fue la caída del tirano Sadam Hussein, y el último fue la muerte del líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden.
Al parecer esta “guerra contra el terrorismo”, que ya lleva una década, ha dado sus frutos y el mundo parecer tener un mal menos del cual quejarse.

¿LOS HECHOS?

Sin embargo,
Han salido innumerables publicaciones (documentales, libros, videos, etc.) en los que se afirma que el atentado del 11 de Septiembre nunca fue tal. Suceder, sucedió, morir la gente, murió, pero… ¿cómo?
Son muchas más las preguntas que las respuestas, claro esta. En primer lugar: ¿cómo es posible que esos aviones se hayan estrellado sobre esas torres? Según dicen, es notablemente raro que los radares no los hayan detectado a tiempo y, según dicen, meses antes se estaba planeando un simulacro en el que dos aviones se estrellarían contra dos edificios (por precaución, nomás). Tampoco se entiende cómo un avión se estrelló contra el pentágono, tamaña fortaleza, sin que nadie advirtiera nada y, sobre todo, con un piloto kamizake que apenas sabía manejar un avión.
¿Por qué será que tantos individuos aseguran haber escuchado explosiones antes del impacto de ambos aviones, en el interior de los edificios? Hay videos que lo demuestran: demuestran que hubo una coordinación perfecta entre el choque de los aviones y la detonación de bombas a lo largo de ambos edificios. De hecho, no solo hay videos caseros que dan cuenta de dichas explosiones dentro del edificio, sino que en cualquier video que muestre los edificios de cuerpo entero, se pueden ver pequeñas explosiones que se van sucediendo en varios pisos.
Es más, ¿vieron que los edificios literalmente se derrumban? ¿No les hace acordar  a esas demoliciones hollywoodenses de colosales construcciones? Bueno, hay un poco de ello y esto esta probado. El solo impacto de los aviones no pudo haber hecho que los edificios se derrumben y es por ello que se necesitaron explosivos que hicieran que el metal de los cimientos se derrita para que las construcciones pudieran venirse abajo.
Otro dato curioso es el del hallazgo del pasaporte en medio de las ruinas: era el de uno de los conductores de los aviones. Ha sido muy provechoso para la causa que dicho documento se salvara de tanto desastre ¿o será que lo habrán colocado ahí adrede para que la identidad de los criminales quede bien identificada? Acá en Argentina es moneda común que pase ello ¿por qué no allá, donde la inteligencia criminalística esta bien desarrollada?
Por supuesto que sobre lo que pasó en sí, hay muchísimos más detalles que hacen dudar a cualquiera de la veracidad de los hechos oficiales, pero estos me parecieron algunos de los más destacables.
Ahora, el enemigo,
Se identificó a los kamikazes y se supo que provenían de la organización islámica criminal y terrorista Al Qaeda, cuyo líder, como bien dijimos antes, era Bin Laden. ¿Sabían que la CIA entrenó a Bin Laden en los ´80 para que luchara contra la URSS? En los ´90 con la guerra del Golfo (guerra dudosa, guerra montada, dirán varios) empezó a sentir odio por EE UU.
De cualquier forma, a partir del 9-11 se empezó una persecución al terrorista, quien se mofaba de todos desde sus ocultas cuevas en las inhóspitas tierras árabes ¿o acaso era un actor X desde un estudio? ¿O acaso era todo armado? Varios registros que comparan las distintas apariciones de Osama a lo largo de estos años muestran curiosas diferencias en su aspecto, el cual varía notablemente entre aparición y aparición.
Esta búsqueda culminó hace unos pocos meses cuando Obama anunció la muerte de Osama a todo el mundo. Pero esto también resultó sospechoso: primero porque algunos dicen que Osama estaba muerto desde hacía varios años, y segundo porque “se tiró el cuerpo al mar” no habiendo registro físico, prueba concreta, de la muerte del susodicho.
Como la lucha se extendió a medio oriente,
Los Estados Unidos hicieron lo que bien supieron hacer a lo largo de todo la historia de América Latina: intervenir los gobiernos.
Primero fue el turno del tirano y dictador Sadam Hussein ¿Sabían que en los ´90 el mismo Hussein trabajó conjuntamente con los Estados Unidos en una guerra contra Irán en la que había petróleo de por medio? El que antes era bueno después fue malo…me suena. Derrocado (y ahorcado) Sadam, las tropas estadounidenses sitiaron Irak y algo parecido pasó en Afganistán y pasa en Libia. ¿La cuestión de fondo? No pequemos de ciegos y pensemos que invaden países para salvar la vida democrática y defender los derechos de sus habitantes. Exactamente como pasó en toda América Latina, las invasiones tienen un solo justificativo: el negocio.
Como bien exprese hace 51 posts en ¿Qué pasa en Libia?, en la zona donde se produjo la guerra de Irak, la invasión a Afganistán y la “primavera árabe” hay varios recursos naturales valiosos, sobre todo él: el petróleo. Y este precioso bien, que supo explotar alguna vez y para siempre Rockefeller, es palabra santa ¿qué importa los miles y miles que murieron ayer en Irak, hoy en Libia, y mañana en Bahrein, si el negocio cierra? ¿Tres mil muertos? ¿Alguien lleva la cuenta de cuántos muertos esta “guerra contra el terrorismo” lleva a cuestas? Allá, en el lejano oriente, en ese misterioso mundo pasan cosas, y de las feas. Pero como es lejano y misterioso a la muerte no la vemos en vivo como en el 9-11, no la vemos nosotros, no la ve nadie, solo los que están allá deben saber que lo vienen padeciendo desde hace una década. Hay petróleo, hay dinero, ganancias, hay negocio ¿el resto qué importa? ¿Cuándo importó “el resto” siempre que hubo un buen negocio?

Díganme entonces,

¿Quién es el verdadero terrorista acá?

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Hoy: Blackberry

Todos los que esten leyendo este posteo saben a qué hace referencia el título. El Blackberry, al menos en Argentina, es el celular de moda a través del cual se puede acceder a todas las redes sociales, que cuenta con varias aplicaciones y la mar en coche.
Pero yendo a lo estrictamente etimológico, el nombre puede venir de dos lugares:

1) BlackBerry (mora) de RIM le debe su nombre a que en 2001 contrató a una empresa consultora de marcas llamada Lexicon Branding, y cuentan que RIM solicitó la palabra elegida para la marca tuviera implícita la palabra “email”, pero fueron disuadidos por la consultora de que se asociaría con trabajo, y eso no sería agradable para muchos. El equipo de Lexicon estuvo barajando varias posibilidades hasta que al final se eligió Blackberry por el color de esta fruta y la similitud de las teclas del dispositivo. Además de que el nombre no se asociaría con trabajo.


2) Cuando había esclavitud en los Estados Unidos, a los esclavos nuevos se les ataba una bola negra de hierro muy irregular. Tenían una cadena y un grillete al pie, para que no escaparan corriendo de los campos de algodón. Los Amos, para usar un eufemismo le llamaban "BlackBerry" (cereza negra) porque se asemejaba a dicha fruta. Ese era el símbolo antiguo de esclavitud que decía que estaría forzado a dejar su vida hasta perecer sin poder escapar en esos campos de siembra.



¿Cuál será la que más coincida con la realidad?

jueves, 18 de agosto de 2011

Hoy: el descubrimiento de América


Es una frase que nos sigue haciendo ruido siempre que la escuchamos. Decimos: “A América no la descubrió nadie” e inmediatamente sentimos una suerte de repudio a ese hombre tan aclamado y condecorado que fue Cristóbal Colón.
Pero para no pecar de zonsos, hablemos con propiedad: los noruegos la habían visitado mucho tiempo antes que el susodicho comerciante, y América no se llamaría América si no hubiese existido un explorador invasor llamado Américo Vespucio.
Lo de Colon es historia conocida: desembarca en nuestro continente en 1492 e inicia el doble proceso de saqueo y cristianización de los nativos (por supuesto, consideradas como inferiores, incivilizadas y salvajes). Pero América fue descubierta por alguien en algún momento y, créanme, no fue por Cristóbal Colon y mucho menos en el siglo XI.
Los registros arqueológicos, nos indican que los primeros que pisaron este suelo lo hicieron hace aproximadamente 13.000 años. ¿De dónde vinieron? la hipótesis predominante sostiene que lo hicieron desde el extremo oriental de Siberia, atravesando una suerte de largo y ancho puente Inter-continental, llamado Beringia, que conectaba a ese extremo de Asia con la actual Alaska.
Una vez entrados los pobladores en este continente, el desplazamiento fue de norte a sur, pero siempre teniendo en cuenta que fue un proceso lento y para nada lineal, es decir, fue en todas las direcciones. Las condiciones climáticas fueron haciendo que ciertas zonas sean habitables, y otras dejen de serlo y, por tanto, que ciertas poblaciones se asienten en ciertos lugares y no en otros.
Con el correr de los milenios, se fueron perfeccionando las formas de vivencia y supervivencia en lo relativo a la caza, al hogar y al arte hasta alcanzar formas de sociedad altamente civilizadas (para ponerlo en términos modernos) con una buena organización económico-social.
Pero un mal día, hace unos cinco siglos, el destino les jugó una mala pasada y la barbarie desembarcó en sus costas. Y ya nada sería igual, nunca.

miércoles, 17 de agosto de 2011

José Francisco de San Martín


Yapeyú, Virreinato del Río de la Plata, 25 de febrero de 1778 - Boulogne-sur-Mer, Francia, 17 de agosto de 1850.


martes, 16 de agosto de 2011

Hoy: Los primeros papeles con valor


Siguiendo con este popurrí histórico, de saltos tempo-espaciales insospechados, veamos cómo fueron los primeros billetes emitidos en nuestro país.
Estos billetes fueron emitidos durante la presidencia de Roca (sí, el de los 100 pesos de hoy) y recibieron el nombre de “Peso moneda nacional” (m$n)
¿Su objetivo? Unificar el sistema monetario en el país, ya que había varios tipos de monedas y además circulaban libremente monedas extranjeras. Mediante la ley 1.130 sancionada en 1881, se determinó que la unidad monetaria fuese el peso de oro y plata y que los bancos de emisión debían renovar toda su emisión de billetes a moneda nacional  (recordemos que durante estos años se estaba llevando a cabo la consolidación del estado argentino de la mano del “progreso” que implicaba tomar este tipo de medidas)
¿Quién los emitía? El, entonces, Banco Nacional el cual, a partir de 1891, pasó a ser el Banco de la Nación Argentina.     
¿Su vigencia? Desde 1881 hasta 1969.

 

Como vemos, los billetes de cinco centavos (en sus dos versiones) llevan la imagen del ex presidente (el anterior a Roca) Nicolás avellaneda cuya presidencia fue marcada, principalmente, por  la federalización de la Ciudad de Buenos Aires (o sea, que Capital Federal sea el centro político-económico-administrativo que es hoy día) y por la campaña al desierto, esa oscurísima mancha de la historia Argentina.


Los billetes de diez centavos llevan la imagen de quien hoy esta en los billetes de 50 pesos: el padre de la educación y el enemigo de la barbarie, Domingo Faustino Sarmiento. Personaje central para esta época, Sarmiento también era un ex presidente y el ícono de la penetración ideológica del estado, con todas las controversias que generaron sus pensamientos que se plasman en su, tan leído por los educandos de primaria, “Facundo”.

 

Los billetes de veinte centavos llevan la imagen de quien hoy esta en los billetes de 2 pesos: el primero conservador, después rebelde, y después conservador: Bartolomé Mitre. Éste empieza a pisar fuerte desde que cae Rosas, primero como aliado y después como enemigo de Urquiza, a quien derrotó en Pavón en 1861. Dos años más tarde, se convertirá en el primer presidente de las “presidencias fundadoras” (junto con los ya mencionados Sarmiento y Avellaneda). Durante ésta hizo varias cosas, probablemente la más famosa sea la participación de la Argentina en la guerra de la triple alianza contra el Paraguay, otro oscurísima mancha no solo de la historia Argentina, sino de la Latinoamericana. Fue el primer historiador de la Argentina y el fundador del conocido diario “La Nación”.



Finalmente, en el billete de más valor, el de 50 centavos, encontramos la figura de quien derrocó a Rosas en 1852 en la batalla de Caseros: Justo José de Urquiza. Este, ante todo comerciante, fue el mayor caudillo de la provincia de Entre Ríos, y el primer presidente formal de la república (lo del sillón de Rivadavia es puro cuento, ya que para mediados de 1820, la Argentina era cualquier cosa menos una nación unificada). Participó en la guerra del Paraguay del lado del bando aliado (siendo un proveedor de insumos más que otra cosa) y fue asesinado en su casa (el palacio San José, en el que vivía con sus múltiples hijos) luego de haberle hecho un guiño al mayor enemigo de los federales: el del billete de diez centavos, Sarmiento

Quienes repudiamos que figuras como Roca y cuestionamos que Mitre o Sarmiento estén en los billetes, hoy nos enteramos que desde su mismísima fundación, la historia de los billetes argentinos encierra matices por demás cuestionables.
 

viernes, 12 de agosto de 2011

Hoy: Ing. Maschwitz

Carlos Maschwitz Nace en Buenos Aires el 7 de mayo de 1862. Hijo de Eduardo Maschwitz, primer Gerente del Banco de Londres y Río de la Plata, fundador y primer Gerente del Banco Alemán Trasatlántico (léase bancos importantes en la época).
¿Qué hizo? Como tenía una buena posición económica, pudo graduarse de ingeniero y de inmediato tomó parte en los primeros trabajos para la construcción del puerto de La Plata. En 1885, la empresa que construía el ferrocarril pacífico lo designó como ingeniero inspector; en esa gestión terminó dicho ramal ferroviario. Más tarde, fue ingeniero jefe en los trabajos de agua corriente de Capital Federal a la vez que dictaba clases de física en el Colegio Nacional de Buenos Aires. En 1890, lo nombraron presidente de la oficina de ingenieros de estado de la provincia de Buenos Aires, cargo que ocupó hasta 1893. En 1891 fue designado profesor de hidráulica de la facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (o sea, exactas) de la UBA. Cuatro años más tarde, en 1895, fue nombrado presidente de la dirección general de ferrocarriles, cargo que ocupó durante los siguientes tres años.
En 1906 se dedicó a la actividad privada siendo nombrado ingeniero del ferrocarril Sud. Estuvo un año, y renunció ya que lo designaron ministro de obras públicas de la nación (durante la presidencia de Figueroa Alcorta). En esta etapa, en la que trabajó junto al Ing. Mitre, indujo a que se sancionara la Ley Ferroviaria nº 5312 (la ley ferroviaria de mayor trascendencia) y fue uno de los gestores de la ley 5315, base impulsora de la red vial del país. Pero como a otros tantos cargos, renunció: lo hizo en Octubre de ese mismo año, por divergencias internas, y fue suplantando por Ramos Mexía.
Mientras era presidente del centro argentino de ingenieros (otra designación más y van…), viajo a Europa con su esposa. Durante ese viaje sufrió un accidente automovilístico que terminó con su vida a los 47 años de edad, un 28 de Febrero de 1910.
Uno días después, el 4 de Marzo de 1910, el mencionado Figueroa Alcorta, decretó que la parada del Km. 47 del Ferrocarril Central Argentino llevará su nombre. Años más tarde, los campos linderos serán el pueblo que también llevará su nombre

miércoles, 10 de agosto de 2011

And the Pulitzer goes to...


La guerra Hispanoamericana fue la primera guerra de los Corresponsales. Los periodistas no sólo informaban del conflicto sino que muchas veces actuaban de exploradores o espías o empuñaban el fusil en la batalla. También fue la guerra de la prensa amarilla que no dudaba en mentir, exagerar o alterar la verdad.
El fenómeno de la prensa amarilla nació en Estados Unidos donde el gusto por el escándalo llega a nuestros días. En ningún lugar del mundo las relaciones sexuales del Presidente pueden llegar a provocar tanto debate en la sociedad. En otros países, sólo provocarían una sonrisa. Al frente del nacimiento de la presa amarilla hay que colocar a dos personajes peculiares: Joseph Pulitzer y William Randolph Hearst.


Pulitzer nació en Hungría y su vocación era ser soldado pero fue rechazado por los ejércitos austro-húngaro, francés e inglés. Cuando estalló la guerra civil en Estados Unidos quiso alistarse en el ejército de la Unión pero fue rechazado, quizá porque albergaran la duda de si acabaría alistado en el ejército confederado a causa de tanto cambio de bando en el pasado. En San Luis fue el propietario de un periódico local que le hizo ganar bastante dinero y, en 1883, compró el New York World convirtiéndolo en un año en un periódico de éxito por sus titulares escandalosos y sus dibujos. Pero pronto le llegó la competencia de la mano de Hearst.
William Randolph Hearst era hijo único de un propietario minero de California inculto y sin escrúpulos que, al hacerse rico, compró su escaño en el Senado de los Estados Unidos. Malcriado por su madre, Hearst desarrolló un espíritu pendenciero dado a meterse en problemas. Fue expulsado de la Universidad de Harvard.
Intentó que su padre le permitiera dirigir un periódico de San Francisco que el Senador había comprado para apoyar su carrera política. Durante un año trabajo en el World de Pulitzer y, a su vuelta a California, convirtió el San Francisco Examiner en el periódico de más tirada de la ciudad a base de sus escandalosos titulares. En 1895 compró el New York Journal con la idea de competir con Pulitzer. Ambos se enzarzaron en una carrera de titulares escandalosos, noticias falsas, etc...
La técnica de Hearst era la de comprar a los periodistas de Pulitzer. Entre estos figuraba un dibujante que publicaba los domingos una tira de cómics llamada "El Chico Amarillo”. Hearst logró llevarlo al Journal. Pulitzer reaccionó contratando otro dibujante que continuó haciendo la tira del "Chico Amarillo”. Ahora había un comic de este personaje en cada uno de los periódicos. Por eso, para definir ese tipo de prensa, el serio y sesudo periódico New York Times, les denominó prensa amarilla, apelativo con el que hoy es conocida la prensa sensacionalista.

Hearst, Pulitzer y otros piratas La Prensa Amarilla.

lunes, 8 de agosto de 2011

Brevísima observación de la crisis capitalista


Leo en los diarios que el mundo entró en pánico por una probable recesión global que afectaría notablemente a todos los mercados.
Terror en las bolsas: los mercados caen, la especulación se muere de miedo.
Ahora.
No hay que ser un experto en economía para darse cuenta de que esto ya pasó, y que va a seguir pasando y, probablemente, cada vez con más frecuencia ¿Qué significa esto? que este sistema capitalista (¿suena abstracto verdad?) se esta agotando y cada vez más, muestra signos de que simplemente ya no rinde más. Simplemente sabiendo que el sistema capitalista crea dinero por el que genera deuda, la cual paga generado más dinero que, a su vez, genera más deuda, entendemos el por qué de las recurrente crisis: la deuda jamás podrá ser pagada.
Y no solo en lo económico, las diversas protestas sociales, los cambios políticos alrededor del globo son otros tantos signos de agotamientos del sistema dominante desde hace un par de siglos.
Y yendo un poco mas allá, el aumento en el calentamiento global y todas las alteraciones climáticas de los últimos tiempos son señales, no de nosotros, sino del lugar donde vivimos, de que este tan ponderado, aceptado, y hegemónico sistema no es otra cosa que un sistema autodestructivo, y no solo para quienes le dan vida, sino también para el lugar en el cual se desarrolla.
Quizás caigamos realmente en la cuenta de esto cuando ya sea demasiado tarde. Si abrimos los ojos a tiempo, aun tenemos una posibilidad de modificar este rumbo. 

viernes, 5 de agosto de 2011

Sarmiento, para la foto

Los últimos meses de la vida de Domingo Sarmiento trascurrieron en Asunción, donde había ido por motivos de salud, en busca de un mejor clima que el húmedo Buenos Aires. El sanjuanino esperaba regresar a la Argentina en la primavera de aquel año, 1888. No lo logró: el 11 de Septiembre murió acostado en su cama a las dos de la madrugada.
Su hija Faustina, producto del romance del maestro Domingo Faustino con una alumna en Chile, convocó a San Martín para que le tomara fotos. Manuel de San Martín, el fotógrafo, acudió a la casa para hacer su trabajo. Era común que en aquel tiempo se registraran las imágenes del cadáver. Intentó un par de fotos en la cama, pero la falta de luz impedía obtener la suficiente nitidez. Por lo tanto, entre todos llevaron a Domingo a la sala de estar, lo depositaron en su sillón predilecto, y allí San Martín capturó la imagen póstuma.
Cuando la foto fue difundida en Buenos Aires, se dijo que a Sarmiento la muerte lo había sorprendido mientras trabajaba la corrección de textos propios. Y aun hoy, sigue repitiéndose la versión del incansable sanjuanino, a quien solo la muerte pudo detener en sus tareas.



Historias insólitas de al historia argentina. Balmaceda.